Cuando se hubo ido el mesonero, Alicia inició un monólogo con sus manos a las que llamó <<descaradas e impulsivas>> y a las que amenazó con castigarlas si no las prometían se más discretas en adelante.
-Estás siendo muy injusta con ellas -protestó César Arellano-. Y me veo precisado a consolarlas.
Las tomó entre las suyas y ahora fue él quien las besó. Los cangrejos tardaron varios minutos en comenzar a ser engullidos.
Los renglones torcidos de Dios de Torcuato Luca de Tena
