Sexus II

Publicado: 8 febrero 2011 en General, Literatura

Aquella noche, me separé de Tawde presa de la desesperación. Aborrecía la idea de verme rodeado de estúpidos que me cogían de la mano y me consolaban para mantenerme encadenado. A medida que me alejaba más de él, una alegría siniestra se apoderaba de mi; en lugar de irme a casa, me dirigí instintivamente a la habitación amueblada donde vivía la camarera con la que mantenía entonces una relación romántica. Salió a abrirme en camisón y me pidió no subir arriba con ella por la hora que era. Entramos al vestíbulo y nos quedamos al calorcito apoyados en el radiador. Al cabo de unos minutos me la había sacado y estaba dándole al asunto como mejor podía en aquella posición forzada. Ella temblaba de miedo y placer. Después de acabar, me reprochó que fuera tan desconsiderado. <<¿Por qué haces estas cosas??>>, me susurró, muy apretada contra mí. Me fui corriendo y la dejé parada al pie de la escalera con expresión perpleja. Mientras corría por la calle, una frase se repetía una y otra vez en mi interior: <<¿Cuál es el yo auténtico?>>.

Ésa era la frase que ahora me acompañaba, al correr por las mórbidas calles del Bronx. ¿Por qué corría? ¿Que era lo que me hacía ir a aquella velocidad? Aminoré la marcha, como para dejar que el demonio me diera alcance…

Sexus, de Henry Miller

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