III

Publicado: 12 marzo 2011 en General, Relatos

Puro fuego. Era la mejor forma de definir a la mujer que tantas veces me llevó a las puertas de la locura. No llamaba la atención por su físico, pero su cara mostraba perfectamente aquello que ella quería aparentar ante el mundo. Yo siempre sospeché que bajo aquella actitud descarada, violenta, ardiente e incluso hiriente, bajo aquellos aires de superioridad y sus intentos fructíferos de dominar toda situación, se escondía una personalidad inestable, una gran inseguridad y una ira hacia el mundo exterior. Como ya he dicho, ella trataba de dominar todas las situaciones y esto se extendía también a los ámbitos más íntimos. Era un animal salvaje, insaciable en cualquier aspecto. Te devoraba y exigía ser devorada a cada instante, propiciaba que ambos cayésemos en una espiral de destrucción mutua, que demostrásemos físicamente todo el odio que podíamos acumular en nuestro interior. Con ella nunca había tregua y la batalla solo acababa cuando su cuerpo no daba mas de sí. Ella fue lo mas intenso que jamás he alcanzado a conocer. El final era inminente y como una explosión, tardó poco en desvanecerse, buscando nuevas víctimas a las que sorprender. Dejó una gran huella en mí, no solo a base de diversos castigos sobre mi físico, también al crear un pequeño vacío en el resto de mi vida sexual, pues nadie nunca fue tan pasional como ella.

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