IV

Publicado: 25 agosto 2011 en General, Relatos

He de admitir que, hasta que no la conocí a ella, no sabía cual era el auténtico significado de la elegancia. No vestía trajes caros, no se maquillaba en exceso, no calzaba grandes tacones. Su elegancia era de otro tipo. Era elegancia al mirar, al sonreír,  al bromear con la gente, al hablar. Elegancia en sus actos, en su forma de ser, en su modo de tratarme. Por supuesto, también fue elegante en la única vez que compartió sexo conmigo. Una cena íntima, los primeros besos bajo el manto de un concierto de jazz… El mismo jazz que nos acompañaba en su casa mientras, de forma lenta, nos quitábamos milimétricamente la ropa. Nunca me dejó conocerla de forma profunda, ni a mi ni a nadie. Bajo un comportamiento alegre y en ocasiones algo infantil, se escondía una personalidad que, solo de forma aparente, estaba vacía. Su excepcional intelecto había abandonado una situación de inconformidad e incomodidad hacia todo aquello que le rodeaba. Ella nunca lo mostraba pero sin duda no lograba encontrar su lugar en un mundo que no entendía y que parecía no entenderla a ella. Parece que yo no era la pieza que encajaba en su puzzle inacabado pero ella desencajó mi mente con una sutileza que solo alguien tan elegante podía alcanzar.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s